Descubre nuestra tienda en línea y accede a un catálogo digital de más de 40.000 productos de diseño.
Ir a la tiendaBack to work | Haz un pedido de 680€ o más y obtén un 15% de descuento con el cupón BTW15
19 de agosto de 2026
Un siglo después, Bibendum de Eileen Gray todavía tiene algo que decir sobre nuestra forma de habitar los espacios.
Hay objetos que el paso del tiempo no consigue envejecer. No porque permanezcan inalterados, sino porque nunca dejan de dialogar con el presente. Uno de ellos es Bibendum, el sillón diseñado por Eileen Gray en 1926: una pieza que, cien años después de su creación, conserva intacta su capacidad de sorprender, cuestionar las convenciones y representar una idea alternativa de modernidad.
En una época en la que la precisión geométrica de la Bauhaus y la estética de la máquina dominaban el debate entre arquitectos y diseñadores, Eileen Gray diseñó un sillón que celebraba la suavidad, el confort y las formas sinuosas y sensuales. Y no se trataba únicamente de diseño, sino también de cultura.
Diseñado en 1926 para Jean Désert, la galería y showroom parisino de Gray, Bibendum toma su nombre del icónico Bibendum de Michelin, cuya característica silueta formada por cilindros superpuestos inspiró la composición tan distintiva del sillón. Grandes cojines tubulares acolchados envuelven el asiento, transformando una referencia industrial en una expresión de confort doméstico. Sus generosas curvas contrastan deliberadamente con los volúmenes ortogonales del primer modernismo, mientras que la esbelta estructura de tubo de acero aporta ligereza visual a una forma que está lejos de ser pequeña. Algunos historiadores del diseño han interpretado además el sillón como una sutil ironía respecto a la tradicional club chair para caballeros, asociada durante mucho tiempo a espacios exclusivamente masculinos.
El significado perdurable de Bibendum reside en su capacidad para condensar muchas de las tensiones culturales de los años veinte: el diálogo entre arte e industria, entre decoración y función, entre experimentación formal y vida cotidiana. Aunque se ha convertido en uno de los iconos más reconocibles del diseño del siglo XX, el sillón sigue resultando sorprendentemente contemporáneo.
Su historia refleja también la recuperación crítica de la propia Eileen Gray. Eclipsada durante décadas por las grandes figuras del Movimiento Moderno, Gray tuvo que esperar hasta la segunda mitad del siglo XX para que su aportación fuera plenamente reconocida. Hoy, no por casualidad, Bibendum está considerada una de sus obras más representativas, y los ejemplares originales del sillón se han convertido en auténticas piezas de colección de gran valor. Un primer ejemplar de Bibendum, realizado por Gray para el showroom parisino de la galería, fue subastado en 2020 por 687.500 dólares.
Para celebrar el centenario del sillón, ClassiCon, que posee la licencia para la producción de los muebles de Eileen Gray, ha creado una edición especial de 100 ejemplares, cada uno acompañado de un certificado de autenticidad y un número grabado en la estructura. Pero el centenario de Bibendum no es solo una ocasión para celebrar un icono del diseño: también representa una oportunidad para volver a reflexionar sobre las razones que dieron origen a la pieza. En una época dominada por la necesidad de velocidad y eficiencia, la obra de Eileen Gray nos recuerda que el diseño que perdura nace siempre de la comprensión de cómo habitamos el espacio, y no de la velocidad con la que lo producimos.
Quizá sea precisamente esta la razón por la que Bibendum continúa hablándonos incluso cien años después. No porque no haya cambiado, sino simplemente porque sigue planteando preguntas atemporales: ¿qué tipo de relación queremos establecer con aquello que nos rodea? ¿De qué manera influye el espacio en nuestra forma de vivir, comunicarnos y sentirnos en casa?
Los grandes iconos del diseño no sobreviven como monumentos, sino como organismos vivos. Y Bibendum, con su extraordinaria combinación de audacia formal, confort y humanidad, demuestra una vez más que solo a través de su capacidad para trascender el tiempo puede el diseño llegar verdaderamente a superarse a sí mismo.