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En la casa milanesa que Gio Ponti diseñó para sí mismo y su familia, el arquitecto Paolo Rizzo firma una intervención que atraviesa el tiempo a través de la materia, la luz y una sensibilidad contemporánea capaz de dialogar con el legado del maestro sin convertirlo en una simple cita estilística.

Via Dezza ocupa un lugar especial en la historia de la arquitectura italiana. Fue allí donde Gio Ponti condensó una de las expresiones más completas de su concepción del habitar, transformando la vivienda en un laboratorio de luz, proporciones y libertad compositiva. Cuando Paolo Rizzo cruzó por primera vez ese umbral, lo hizo, según él mismo relata, «con ojos infantiles»: emocionado, en silencio y con el deseo de captar la esencia de un lugar que parecía custodiar el resultado maduro de una larga reflexión sobre la vivienda.

De ese encuentro nace un proyecto guiado por la voluntad de preservar el espíritu de Ponti, esa «ligereza culta» y esa capacidad de hacer que los espacios sean vivos, luminosos y profundamente humanos. El pavimento de palladiana, la cerámica de Vietri y el mármol Bardiglio son reinterpretados desde una mirada contemporánea, manteniendo un vínculo con el lenguaje material original sin reducirlo a un mero repertorio decorativo.

La luz también adquiere un papel protagonista. Rizzo la define como «una materia del proyecto», dotada de una marcada identidad mediterránea y capaz de transformar continuamente la percepción de las superficies y los volúmenes.

La misma atención guía la selección del mobiliario. Las butacas de Pierre Paulin, Warren Platner, Ludwig Mies van der Rohe y la mesa Sarpi, diseñada por Afra y Tobia Scarpa, se integran en los interiores como presencias discretas y equilibradas, capaces de dialogar con la arquitectura y con la cultura proyectual evocada por la casa.

«Conocer la historia en profundidad es un requisito imprescindible», afirma Rizzo. Es precisamente ese conocimiento el que da origen a una composición que define el ritmo, las proporciones y la atmósfera del espacio. En este proceso, la colaboración con Gianluca Mollura y Mohd se fundamenta en una visión compartida del proyecto y en una misma atención por la calidad.

La mirada del fotógrafo Andrea Ferrari es la encargada de transmitir la esencia del proyecto. Rizzo lo considera uno de los intérpretes más destacados de la fotografía de interiores.
Sus imágenes no se limitan a documentar los espacios, sino que capturan sus atmósferas más sutiles mediante sombras, reflejos y la profundidad de los materiales. Esta cualidad se aprecia especialmente en la fotografía elegida por Elle Decor para la portada del especial Sensory Design. «Andrea supo captar ese sentido de silencio, suspensión y depuración que recorría todo el proyecto», explica el arquitecto.

En el editorial del número, Livia Peraldo invita a «bajar el ritmo para redescubrir la importancia de la percepción y restablecer un diálogo auténtico con el espacio».
En Via Dezza, la luz filtrada por las persianas venecianas, los reflejos sobre las superficies y la transformación constante de los materiales crean una experiencia que exige tiempo y atención. Es una condición que pertenece tanto a la casa concebida por Ponti como a su reinterpretación contemporánea. Como concluye Paolo Rizzo: «El diseño sensorial nace de la capacidad de hacernos ralentizar y volver a sentir el espacio que nos rodea».
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